ME VEO ... TE VEO



Me veo como si no hubieran pasado los años, me veo cuando era joven, me pienso y me veo en la playa con unos amigos, me veo llegando al cabo y me siento como entonces; me veo y nos veo, paseando por la orilla con la tranquilidad de ser únicos, de ser el uno para el otro y nadie más... me veo, nos veo... me imagino, nos imagino... me acaricio los labios como tú me acariciabas, aunque el tacto de mis dedos -ahora de viejo- no se parece al tuyo entonces, ni al mío en aquellos días de leve sol y bellas lunas.
En días como este tengo la sensación de que vas a aparecer paseando por la orilla -en dirección a mí- e imagino que en tu rostro, en tu cuerpo, en tus andares... no han pasado los años. En mí sí, y han hecho mella en mis andares -ahora cojeo un poco- y en mi piel -con cada vez más líneas que dibujan vivencias, alegrías, tristezas, borracheras... quemaduras de decenas de noches con la hoguera. Siempre me ha gustado el fuego... en mi mano derecha tengo dos dedos quemados por un descuido y un pie chamuscado por la inconsciencia que me produjo el vino una noche de reflexión demente, para muchos habitual en este viejo loco. Fíjate... a menudo miro fijamente el fuego y me parece verte bailar -como hacías para mis ojos cuando nos perdíamos en cañuelo, o mangueta- las llamas llegan a tomar vida y algunos chasquidos de la leña húmeda al entrar en combustión suenan como las tobilleras y collares que elaboraba para tí, con caracolas y conchas; los únicos tesoros que me quedan y que el océano no parará de regalarle a este pobre loco.

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